Cuatro buques, 7.000 millas y 780 toneladas: el sur cumplió
La Armada de Chile cerró en Punta Arenas su Campaña Antártica Estival 2025-2026 con números que hablan por sí solos: cuatro meses de operaciones continuas, cuatro unidades navales y casi ochocientas toneladas de carga movilizadas hacia el continente blanco. Una logística de precisión que sostiene la soberanía científica de Chile en el extremo del planeta.

Punta Arenas fue el escenario del cierre formal de la Campaña Antártica Estival 2025-2026 de la Armada de Chile. La ceremonia reunió a los comandantes de las cuatro unidades navales que participaron de la operación y marcó el fin de cuatro meses de trabajo ininterrumpido en uno de los mares más exigentes del mundo.
Los números son elocuentes: más de 7.000 millas náuticas navegadas, 780 toneladas de carga movilizadas y decenas de científicos, técnicos y personal de apoyo transportados hacia las bases chilenas en el continente antártico. Para dimensionarlo: 7.000 millas equivalen a cruzar el Atlántico tres veces.
La campaña antártica no es solo un ejercicio de logística naval. Es la columna vertebral que permite que Chile mantenga presencia científica y soberana en un territorio que, bajo el Tratado Antártico de 1959, exige presencia real y continua. Sin esas millas navegadas, sin esas toneladas de insumos, combustible, alimentos y equipamiento científico, las bases quedarían aisladas y el trabajo de investigación se interrumpiría.
Desde Punta Arenas —puerta de entrada histórica al continente blanco— la logística antártica es también identidad regional. La ciudad más austral del mundo continental organiza su calendario en torno a la temporada antártica: cuando los buques zarpan hacia el sur en octubre y regresan entre febrero y mayo, Magallanes siente el pulso de esa conexión única con el territorio más remoto del planeta.
Esta campaña se desarrolló en paralelo con una intensa actividad científica. El INACH coordinó expediciones de investigación en biodiversidad marina, glaciología y cambio climático, muchas de ellas apoyadas directamente por la capacidad de transporte y operación de la Armada. La sinergia entre la institución naval y el organismo científico es uno de los activos más sólidos de la política antártica chilena.
El contexto global le da urgencia a cada campaña. El continente antártico atraviesa transformaciones aceleradas: retroceso de plataformas de hielo, cambios en ecosistemas marinos, aumento de temperaturas sin precedentes históricos. Cada temporada de investigación es una oportunidad que no se puede perder.
Para la Patagonia binacional, la clausura de esta campaña es también un recordatorio de que el sur no termina en el estrecho de Magallanes ni en el canal Beagle. Termina —o empieza— mucho más al sur, allí donde la ciencia y la soberanía se juegan a bordo de buques que navegan en silencio, lejos de los titulares, sosteniendo algo que nos define como región del fin del mundo.


