Lahuán: el alerce de 2.630 años que desafía el tiempo en Chubut
Un árbol patagónico que ya estaba en pie siglos antes de que Europa supiera que América existía acaba de sobrevivir un incendio y vuelve a asombrar a la ciencia. El alerce milenario conocido como Lahuán, en Chubut, no es solo el árbol más viejo de la Argentina: es un archivo vivo de la historia del sur del mundo.

Hay algo que sacude cuando uno lo piensa de verdad: mientras Cristóbal Colón cruzaba el Atlántico en 1492, este alerce ya llevaba más de ochocientos años de vida. Cuando los criollos proclamaban la Revolución de Mayo en 1810, el árbol seguía ahí, creciendo en silencio en la cordillera chubutense. Hoy, con 2.630 años comprobados, Lahuán es el ser vivo más antiguo del territorio argentino y uno de los alerces más longevos del planeta.
El nombre no es casual. Los pueblos originarios de esta región llamaron Lahuán al alerce mucho antes de que la ciencia llegara a medirlo. Esa denominación mapuche-tehuelche sobrevivió también al tiempo, y hoy los investigadores la usan con la misma naturalidad que el carbono 14 para datarlo.
Lo que renovó la urgencia de esta historia fue lo que ocurrió el año pasado: un incendio forestal avanzó peligrosamente cerca del árbol. La comunidad científica y los vecinos de la zona contuvieron el aliento. El Lahuán sobrevivió, pero el episodio volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué tan bien protegemos lo que no tiene reemplazo?
Los alerces patagónicos —Fitzroya cupressoides— son una especie en categoría de vulnerabilidad. Crecen apenas un milímetro por año. Un ejemplar de estas dimensiones es, en términos prácticos, irreproducible en cualquier escala humana. La ciencia los estudia como archivos climáticos: sus anillos guardan información sobre sequías, erupciones volcánicas y variaciones de temperatura que no existe en ningún otro registro disponible para esta latitud.
Chubut alberga algunos de los bosques de alerce más australes y mejor conservados, en zonas de acceso difícil que, paradójicamente, han sido su mejor escudo. Pero el avance del fuego en los últimos años, acelerado por los ciclos de sequía que afectan toda la Patagonia, está cambiando esa ecuación.
Desde GLOBALpatagonia, la lectura es clara: Lahuán no es una curiosidad turística ni un récord para el libro Guinness. Es un ser vivo que conecta directamente con los pueblos que habitaron esta región hace milenios, con la ciencia que intenta entender el clima del futuro, y con la decisión colectiva de preservar o perder lo que el sur tiene de único e irrepetible.
Cuántos árboles como este habrá todavía sin nombre, sin protección formal, esperando que un incendio o una motosierra los encuentren primero, es la pregunta que la Patagonia debería hacerse antes de que sea tarde para responderla.


