Drones y semillas exóticas sobre el bosque quemado: la polémica que divide a la Patagonia
Vecinos y científicos advierten que la siembra aérea de pasto en áreas afectadas por incendios puede frenar la regeneración del bosque nativo y alimentar nuevos focos.

Cuando el fuego apaga sus llamas en el bosque patagónico, empieza otra disputa: qué hacer con lo que quedó. En los últimos meses, una práctica que combina tecnología y urgencia —la siembra de semillas de pasto mediante drones sobre zonas incendiadas— encendió una controversia que involucra a comunidades locales, investigadores y organismos del Estado.
La medida fue aplicada en sectores afectados por incendios en la Patagonia argentina con el argumento de frenar la erosión y estabilizar los suelos desnudos. La lógica es comprensible: sin cobertura vegetal, las lluvias arrastran la capa fértil y los terrenos quedan expuestos por años. Un pasto que crece rápido parece, a primera vista, una solución.
Pero los especialistas en ecología del bosque templado andino-patagónico señalan el problema de fondo: las especies sembradas son mayoritariamente gramíneas exóticas que no forman parte del ecosistema original. Una vez establecidas, compiten directamente con las plántulas nativas que intentan germinar de forma espontánea —el proceso natural de regeneración post-fuego que los bosques patagónicos desarrollaron durante milenios.
Hay otro riesgo que los investigadores destacan con particular preocupación: los pastos introducidos acumulan biomasa seca que, en la próxima temporada de incendios, puede convertirse en combustible. La intervención diseñada para proteger el suelo podría, paradójicamente, facilitar que el fuego regrese con más fuerza y se propague más rápido.
Desde las comunidades afectadas, el cuestionamiento es también de proceso: en varios casos, la siembra se realizó sin consulta previa a los vecinos ni a las comunidades originarias con presencia en las zonas intervenidas. Para quienes viven en el borde del bosque quemado, la decisión de qué crece sobre esa tierra no es un detalle técnico.
El debate abre una pregunta más amplia que la Patagonia necesita responder con urgencia: ¿cuál es el protocolo de restauración ecológica post-incendio que el territorio requiere? Los bosques de lenga, ñire, coihue y ciprés no se recuperan igual que una pradera, y las intervenciones que ignoran esa especificidad pueden hacer más daño que el fuego mismo.
Mientras la discusión avanza, los drones siguen volando sobre el cenizo. Y el bosque, que sabe regenerarse solo si se lo deja, espera.


