Un glider revela los secretos oceanográficos del estrecho de Magallanes
El INACH publicó los resultados de la primera campaña con vehículo submarino autónomo en el estrecho, revelando datos inéditos sobre temperatura, salinidad y corrientes en uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta.

Por primera vez, un vehículo submarino autónomo —llamado glider— recorrió las profundidades del estrecho de Magallanes para registrar sus características oceanográficas con una precisión que los métodos tradicionales no podían alcanzar. El Instituto Antártico Chileno (INACH) acaba de publicar los resultados de esa campaña pionera, y lo que encontraron redefine la comprensión científica de este cuerpo de agua que conecta dos océanos.
El glider es un planeador submarino que se desplaza sin propulsión activa, ajustando su flotabilidad para ascender y descender en la columna de agua mientras avanza. Equipado con sensores de temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y turbulencia, puede operar durante semanas y cubrir distancias que serían imposibles para un buque oceanográfico convencional. Dos profesionales apoyaron la campaña en terreno desde Punta Arenas.
El estrecho de Magallanes no es un paso cualquiera. Es la frontera entre el Pacífico subantártico y el Atlántico Sur, un corredor de unos 570 kilómetros donde conviven mareas que se comportan de manera distinta en cada extremo, corrientes contrapuestas, frentes de temperatura y una biodiversidad marina que sostiene ecosistemas costeros, pesquerías y rutas migratorias de cetáceos. Entender su dinámica es entender, en parte, cómo funciona el sur del planeta.
Los datos obtenidos por el INACH en esta primera campaña incluyen perfiles verticales de la columna de agua en zonas que nunca habían sido monitoreadas con esta resolución. Los investigadores identificaron gradientes térmicos, variaciones de salinidad vinculadas a la descarga de ríos y derrretimiento glaciar, y patrones de circulación que tienen implicancias directas para la distribución del fitoplancton —la base de la cadena alimentaria marina austral.
Para el INACH, este trabajo es también una inversión de largo plazo. Los datos generados en esta campaña sientan una línea de base que permitirá detectar cambios futuros en el estrecho, especialmente en un contexto de calentamiento oceánico que ya está alterando la distribución de especies en el Atlántico y el Pacífico Sur. Magallanes es, en ese sentido, un observatorio natural de primer orden.
La tecnología del glider representa además una democratización del monitoreo oceanográfico: permite obtener datos de calidad sin necesitar un buque de investigación en cada misión, reduciendo costos y ampliando la frecuencia de los relevamientos. Para una región como la Patagonia austral, donde las condiciones climáticas hacen que las campañas científicas sean escasas y costosas, eso es un cambio de escala.


