INACH cumple 62 años y honra a quienes hacen posible la Antártida
En su 62.º aniversario, el Instituto Antártico Chileno distinguió al logístico Mario Briones en una ceremonia que reafirma el valor humano detrás de la ciencia polar.
Detrás de cada expedición antártica hay nombres que no aparecen en los papers científicos pero sin los cuales nada sería posible. El 29 de mayo, al celebrar su 62.º aniversario de inauguración —fundado en 1964— el Instituto Antártico Chileno (INACH) eligió hacer exactamente eso: visibilizar a quienes sostienen la logística que permite que la ciencia llegue al Continente Blanco. El homenajeado fue Mario Briones, destacado logístico antártico cuya trayectoria representa décadas de trabajo silencioso y fundamental.
La ceremonia se realizó en el salón de honor de la Universidad de Chile, una elección que no es casual: el INACH nació en el mundo académico y mantiene vínculos profundos con la comunidad científica nacional. Pero la decisión de honrar a un logístico —no a un investigador ni a un funcionario político— dice algo sobre la madurez institucional de un organismo que entiende que la Antártida se sostiene con trabajo concreto, con planificación rigurosa y con personas capaces de resolver problemas en condiciones extremas.
Para la Patagonia, el INACH no es una institución lejana. Tiene su sede operativa en Punta Arenas, desde donde coordina todas las campañas antárticas chilenas. Esa ciudad patagónica es el corazón logístico de la presencia chilena en el sur polar, y cada profesional del INACH que trabaja allí es, de alguna manera, un patagónico de adopción entregado al proyecto más austral del planeta.
El 62.º aniversario llega en un momento de alta actividad institucional: la lancha Karpuj acaba de completar una extensa campaña, y Chile mantiene una posición de liderazgo entre los países con mayor presencia científica en la Antártida. Ese liderazgo no se construye solo con tecnología o presupuesto —se construye con personas como Mario Briones, que conocen los ritmos del sur y saben que en el extremo del mundo no hay margen para la improvisación.
Reconocer eso públicamente, en una ceremonia formal, es también un mensaje hacia adentro de la institución: la logística vale tanto como la ciencia. Sin cadena de frío, sin rutas de navegación planificadas, sin provisiones calculadas al detalle, los resultados más brillantes de la investigación polar simplemente no llegan a ocurrir. Feliz aniversario, INACH —y gracias a quienes hacen posible lo imposible.


