Wagyu en la Patagonia: Neuquén tiene al pionero de esta carne premium
Un productor neuquino es el primero en criar y ofrecer carne de Wagyu en la Patagonia argentina, abriendo un nicho de alto valor en la ganadería regional.
Que la Patagonia puede producir lo mejor del mundo no es una novedad —pero cada vez que un productor local lo demuestra en un rubro inesperado, vale la pena contarlo. En Neuquén existe hoy el primer emprendimiento patagónico dedicado a la cría de ganado Wagyu, la raza japonesa cuya carne es considerada entre las más valoradas del mercado gastronómico global, reconocida por su veteado de grasa intramuscular —el famoso marbling— que le otorga una textura y sabor sin equivalente en el mundo bovino convencional.
Criar Wagyu no es simplemente cambiar de raza. Implica un manejo nutricional y de bienestar animal completamente diferente al de la ganadería tradicional patagónica, tiempos de engorde más largos, y una apuesta económica de mayor riesgo y mayor potencial de retorno. Que un productor neuquino haya decidido dar ese salto —y que lo esté logrando— dice algo importante sobre la diversificación que está viviendo la economía rural de la región.
La Patagonia tiene condiciones naturales que, bien aprovechadas, pueden ser diferenciales incluso para razas exigentes. Los pastos de altura, el agua limpia, las temperaturas que favorecen el desarrollo lento del animal y la baja presión de enfermedades son factores que este productor parece haber sabido leer a su favor. El resultado es una carne de origen patagónico con estándares de calidad que compiten en el segmento premium nacional e internacional.
Este tipo de historia importa editorialmente no solo como curiosidad gastronómica, sino como señal de tendencia. La ganadería patagónica —históricamente ovina y extensiva— está buscando nuevos caminos ante la presión sobre las pasturas, el cambio climático y la caída de precios en los mercados tradicionales. El Wagyu neuquino es un caso concreto de innovación productiva en el territorio.
Para la región, el desafío que viene es la escala y la comercialización. Producir calidad es una parte del trabajo; lograr que esa calidad llegue a los mercados adecuados —y que el productor reciba el valor real de lo que genera— es el otro gran capítulo. Pionero, por definición, es quien abre el camino. Neuquén ya tiene al suyo.


