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El pueblo Mapuche: la nación que resistió tres siglos de presión y sigue reclamando el sur

Los mapuches son el pueblo originario más numeroso de la Patagonia y el que más activamente reclama derechos territoriales en Argentina y Chile. Su historia es también la historia del sur: de la resistencia al colonialismo español, a las campañas militares del siglo XIX y a la disputa contemporánea por tierras y reconocimiento.

📰 GLOBALpatagonia 🌎 Argentina 2026-04-17
El pueblo Mapuche: la nación que resistió tres siglos de presión y sigue reclamando el sur

Mapu quiere decir tierra. Che quiere decir gente. El pueblo de la tierra. Los mapuches son la nación indígena más extensa y numéricamente más poderosa de la Patagonia: según los últimos censos, son más de 700.000 en Argentina y más de un millón y medio en Chile, aunque las cifras varían según qué se considera suficiente para identificarse como mapuche. Su territorio histórico —el Wallmapu, palabra que designa la totalidad de su espacio geográfico— se extiende a ambos lados de la cordillera, desde el Biobío en Chile hasta la Patagonia profunda en Argentina. La frontera entre los dos países, trazada en 1902, dividió ese territorio como se divide cualquier cosa que no pertenece a quienes trazan el mapa.

Los mapuches resistieron la conquista española durante casi tres siglos con una eficacia que no tuvo equivalente en el continente. La Guerra de Arauco, que comenzó en el siglo XVI y se prolongó intermitentemente hasta el XIX, fue el conflicto armado más largo de la historia de América. Los españoles nunca pudieron someter el territorio mapuche al sur del Biobío, y el Tratado de Quilín de 1641 fue en la práctica un reconocimiento de facto de la soberanía mapuche sobre esa región. Lo que las espadas españolas no lograron, lo consiguieron los estados nacionales del siglo XIX: Chile con su Ocupación de la Araucanía entre 1861 y 1883, y Argentina con la Conquista del Desierto de las mismas décadas.

En ambos países el proceso fue similar: campañas militares que rompieron la resistencia organizada, reparto de tierras entre colonos y especuladores, reducción de las comunidades supervivientes en reservas pequeñas e improductivas, prohibición de prácticas culturales y religiosas, educación forzada en castellano. La diferencia es que Chile concentró el grueso de la población mapuche en las provincias de Araucanía y Los Lagos, mientras que Argentina dispersó a las comunidades patagónicas en un territorio mucho más vasto, dificultando la organización colectiva.

En las últimas tres décadas, el movimiento mapuche se convirtió en uno de los más activos de América Latina. En Chile, la demanda de recuperación territorial —especialmente frente a empresas forestales que plantan pinos y eucaliptos en tierras reclamadas como ancestrales— derivó en conflictos que se extendieron a decenas de comunidades de la Araucanía. Los incendios de maquinaria forestal, los enfrentamientos con la policía y los decretos de estados de emergencia se convirtieron en noticias regulares. En Argentina, la lucha de la Confederación Mapuche de Neuquén y otras organizaciones por el reconocimiento territorial tuvo episodios que llegaron a la agenda nacional, especialmente en los conflictos de la cordillera neuquina.

Lo que está en juego no es solo tierra, aunque la tierra sea el centro. Es el reconocimiento de que existen naciones dentro de los estados nacionales. Que esas naciones tienen derechos específicos sobre sus territorios históricos. Que el progreso económico no puede avanzar sin consulta ni compensación. Son conversaciones difíciles, porque afectan intereses concretos y porque requieren revisar relatos nacionales que se construyeron sobre la negación de esa historia. En la Patagonia del siglo XXI, esa conversación está abierta, incompleta y urgente.

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