Magallanes debate el borde costero: pescadores e infraestructura en el centro
La Comisión Regional de Uso de Borde Costero de Magallanes sesionó por primera vez en 2026 con nueva integración y puso el foco en infraestructura portuaria y respaldo al sector pesquero artesanal.
El borde costero de Magallanes es uno de los territorios más extensos y menos gobernados del planeta. Miles de kilómetros de canales, fiordos, costas insulares y riberas continentales que concentran recursos pesqueros, rutas de navegación, historia indígena y una biodiversidad marina sin parangón. Decidir quién puede hacer qué en ese espacio es una de las conversaciones políticas más importantes que tiene la región.
Esta semana, la Comisión Regional de Uso de Borde Costero sesionó por primera vez en 2026, y también por primera vez con las autoridades designadas por la administración actual. La reunión tuvo lugar en el salón Nelda Panicucci del edificio del Gobierno Regional en Punta Arenas, y los temas centrales fueron dos: el estado de la infraestructura costera y el respaldo institucional a los pescadores artesanales.
Que la comisión haya demorado hasta junio para su primera sesión del año no es un dato menor. El borde costero magallánico requiere decisiones continuas: habilitaciones, concesiones, planes de manejo, respuestas a emergencias. Cada mes sin sesión es un mes en que los problemas se acumulan sin instancia formal de resolución.
Los pescadores artesanales llevan tiempo reclamando mejores condiciones de infraestructura —muelles, caletas, frigoríficos— y mayor certeza jurídica sobre sus zonas de extracción. En una región donde la pesca no industrial es parte constitutiva de la economía local y de la cultura costera, esas demandas no son sectoriales: son regionales.
La dimensión binacional de este debate también importa. El borde costero chileno de Magallanes comparte ecosistemas, especies migratorias y presiones extractivas con las aguas patagónicas argentinas del lado atlántico y del estrecho. Las merluza, el centolla, el erizo y el kril no conocen fronteras administrativas, y las decisiones de manejo en un lado tienen consecuencias directas en el otro.
Lo que la comisión resuelva en los próximos meses sobre infraestructura y regulación pesquera será determinante para cómo se distribuyen los beneficios del mar austral entre quienes lo trabajan cotidianamente y quienes lo administran desde tierra. Esa es, en definitiva, la pregunta de fondo cada vez que el borde costero entra en agenda.


