El Festival Folclórico de la Patagonia cruza la cordillera en su edición 45
El certamen binacional confirma grilla para el 30 de julio al 1 de agosto con Nahuel Pennisi y Taller Alturas como figuras centrales, con venta de entradas activa en Punta Arenas.
Hay festivales que son un evento. Y hay festivales que son una institución. El Festival Folclórico en la Patagonia lleva 45 ediciones construyendo esa segunda categoría: un encuentro donde la música no separa a los patagónicos de ambos lados de la cordillera sino que los reconoce en una misma tradición.
La edición XLV ya tiene fecha, lugar y artistas confirmados. Será del 30 de julio al 1 de agosto, con un aforo limitado a 1.030 personas por noche, una decisión que privilegia la experiencia sobre la masificación. La parrilla oficial incluye a Nahuel Pennisi, referente del folclore argentino con llegada directa a las nuevas generaciones, y a Maggie Cullén, nombre clave de la música tradicional chilena del sur. El cierre conmemorativo de Taller Alturas completa una programación que equilibra identidades de ambos lados.
Lo que hace único a este festival en el calendario cultural patagónico es esa condición binacional que pocas veces se enuncia pero siempre se siente. El folclore patagónico no tiene frontera: las tonadas, los relatos de campo, la música del viento y la estepa pertenecen a un territorio que la política dividió pero la cultura nunca aceptó separar del todo. Que Pennisi comparta cartel con Cullén, y que el público de Punta Arenas y el de Río Gallegos pueda encontrarse en el mismo espacio, dice algo que los documentos diplomáticos rara vez logran expresar.
La venta de entradas en Punta Arenas ya está activa, lo que confirma que el público chileno es parte integral del certamen y no un espectador secundario. Esta edición también incorpora un bloque chilote con sus cuecas, décimas y sonidos de archipiélago, que amplía la mirada hacia el sur oceánico, ese otro rostro de la Patagonia que muchas veces queda fuera del relato cordillerano.
Cuarenta y cinco años de festival son, en la Patagonia, una eternidad institucional. Pocas expresiones culturales regionales han sobrevivido con tanta coherencia a los cambios políticos, económicos y generacionales. La edición 2026 llega en invierno pleno, cuando el frío une más que separa, y cuando la música en vivo tiene el valor extra de lo que se eligió hacer a pesar del viento.


