Ruta 40 en Neuquén: el Estado busca destrabar una obra vial paralizada
El gobierno neuquino gestiona ante la Nación el traspaso de una obra sobre la Ruta Nacional 40 que lleva años sin avanzar, en un corredor clave para la conectividad patagónica.
La Ruta 40 es mucho más que una carretera: es el eje vertebral de la Patagonia argentina, el camino que conecta valles, lagos, cordillera y estepa de norte a sur. Por eso, cuando una obra sobre su trazado en Neuquén lleva años paralizada, el impacto no es solo local.
El gobierno de la provincia gestiona actualmente ante el Estado nacional el traspaso de esa obra detenida, buscando destrabar una situación que afecta tanto a la logística regional como a la conectividad de comunidades que dependen de ese corredor. La iniciativa apunta a que Neuquén tome el control de la ejecución para poder avanzar con recursos propios o provinciales, ante la inacción nacional.
La Ruta 40 en el tramo neuquino tiene una importancia estratégica que se ha multiplicado en los últimos años con el desarrollo de Vaca Muerta. El tráfico pesado vinculado a la industria hidrocarburífera pone una presión enorme sobre la infraestructura vial de la región, y cualquier obra paralizada en ese corredor es un cuello de botella que tiene consecuencias económicas concretas.
Pero más allá del petróleo, la Ruta 40 es también el camino de los pequeños productores rurales, de las comunidades mapuche de la cordillera, de los turistas que recorren la Patagonia en temporada. Una ruta en mal estado o con obras inconclusas no es solo un problema de asfalto: es una barrera para el desarrollo territorial.
El traspaso de obras viales desde Nación a las provincias es un mecanismo que ya tiene antecedentes en la región, con resultados mixtos. El desafío para Neuquén será garantizar financiamiento y continuidad de ejecución en un contexto fiscal complejo. Lo que está claro es que la espera ya cumplió su tiempo.


