Pasarela sobre el Epuyén: el último tramo que cierra la Huella Andina
Una pasarela peatonal en construcción sobre el río Epuyén, en El Hoyo, completará la continuidad del trazado de la Huella Andina, el sendero de larga distancia más ambicioso de la Patagonia argentina.
La Huella Andina tiene 800 kilómetros de promesa. Recorre la Patagonia de norte a sur siguiendo la cordillera, atraviesa siete parques nacionales y conecta paisajes que van del bosque valdiviano al lago de montaña. Pero como toda ruta larga, su valor real depende de sus eslabones más débiles: los puntos donde el trazado se interrumpe, donde el caminante debe improvisar o retroceder.
Uno de esos quiebres estaba sobre el río Epuyén, en El Hoyo, Chubut. El cruce pedestre era un problema concreto: sin infraestructura, el río funcionaba como barrera natural que cortaba la continuidad del sendero y obligaba a rodeos significativos. Eso está a punto de cambiar.
En su etapa final de construcción, la pasarela peatonal sobre el Epuyén es el resultado de un trabajo articulado entre el Municipio de El Hoyo, la Administración de Parques Nacionales Lago Puelo y Vialidad Provincial. Tres actores que no siempre trabajan en sintonía lograron converger en una obra de escala pequeña pero impacto enorme para quienes recorren el corredor andino a pie.
La Huella Andina fue declarada Sendero de Gran Recorrido por la Secretaría de Turismo de la Nación y es parte de una visión más amplia de conectividad no motorizada en la Patagonia. Su trazado está pensado para ser recorrido en etapas de varios días, usando refugios y posadas de pequeñas localidades andinas —El Bolsón, El Hoyo, Cholila, Lago Puelo— que encuentran en el turismo de trekking una fuente de ingresos genuina y de bajo impacto.
El modelo no es nuevo: en la Patagonia chilena, senderos como el Trekking Torres del Paine W o el más reciente Sendero de Chile apuntan a lo mismo. La diferencia es que la Huella Andina atraviesa territorios habitados, comunidades reales, economías locales que dependen de que los caminantes lleguen, se queden y vuelvan.
Cerrar el bache del Epuyén no es solo una obra vial menor. Es una señal de que el Estado puede ocuparse de la infraestructura que hace posible otro modelo de desarrollo para la Patagonia andina: uno que no depende del automóvil, que distribuye el gasto turístico en pequeñas economías y que mantiene vivo el vínculo entre la gente y el territorio que habita.
Cuando la pasarela esté habilitada, un tramo más del gran sendero quedará cosido. Y alguien que salga de Lago Puelo podrá llegar a El Hoyo sin mojar los pies.


