En la base Escudero, ciencia antártica y chocolate rompieron el hielo
Por primera vez en la historia del INACH, los habitantes de isla Rey Jorge se sentaron frente a investigadores para entender qué son los copépodos y por qué importan. La divulgación científica llegó al continente blanco con una taza caliente en la mano.
Hay un lugar en el mundo donde el viento corta y la noche polar puede durar meses. Isla Rey Jorge, en la Antártica chilena, concentra varias bases científicas de distintos países, pero hasta ahora la ciencia que allí se produce rara vez bajaba de los laboratorios para encontrarse con la comunidad que convive a pocos metros. Eso cambió.
El INACH —Instituto Antártico Chileno— abrió las puertas de su base Escudero para una jornada inédita que combinó investigación de punta con una propuesta disarmante: una taza de chocolate caliente. La iniciativa, bautizada informalmente como "Ciencia y chocolate", reunió a investigadores y a los habitantes permanentes y temporarios de la isla en un formato de divulgación abierta, sin tecnicismos innecesarios, sin el muro habitual que separa a la comunidad científica del resto.
El protagonista científico de la jornada fueron los copépodos: crustáceos microscópicos que forman parte del zooplancton marino y que cumplen un rol clave en las cadenas alimentarias del océano austral. Son pequeños hasta el punto de ser invisibles a simple vista, pero su abundancia o escasez puede anticipar cambios profundos en el ecosistema antártico. Entender qué les pasa es, en parte, entender qué le pasa al mar más importante del planeta desde el punto de vista del ciclo del carbono.
La base Escudero opera desde Punta Arenas como plataforma logística y científica del INACH, y es uno de los nodos más activos del programa antártico chileno durante el verano austral. Que sus instalaciones se transformen en un espacio de encuentro comunitario en pleno invierno no es un detalle menor: habla de una concepción diferente de para qué sirve la ciencia en el territorio.
Desde GLOBALpatagonia, la nota importa por varias razones. La Antártica no es un laboratorio lejano: es parte del ecosistema mayor que regula el clima de toda la Patagonia binacional, desde los vientos que llegan a Magallanes hasta las corrientes que alimentan el Atlántico Sur. Lo que ocurre en isla Rey Jorge tiene consecuencias directas sobre glaciares, fauna marina y pesca en toda la región.
Además, esta iniciativa del INACH marca un camino que otras instituciones científicas patagónicas podrían replicar: acercar el conocimiento a quienes viven en los territorios donde se investiga. La ciencia con chocolate es, en el fondo, ciencia con arraigo. Y eso, en el sur del mundo, no es poca cosa.


