Puerto Williams proyecta agua potable, nuevo camino y plan urbano
El delegado de la Provincia Antártica detalla obras clave para la ciudad más austral del mundo, descartando replicar el modelo turístico de Ushuaia.
Puerto Williams no quiere ser la próxima Ushuaia. Esa definición, dicha con claridad por el delegado de la Provincia Antártica, Rodolfo Moncada, resume una filosofía que distingue el futuro que se imagina para la ciudad más austral del mundo del camino que tomó su vecina argentina al otro lado del canal Beagle.
En una entrevista con Pingüino Multimedia, Moncada desgranó las prioridades concretas que tiene la localidad en la isla Navarino: agua potable en condiciones, el avance del camino hacia Yendegaia y la elaboración de un Plan Regulador Comunal que ordene el crecimiento de la ciudad antes de que el crecimiento la ordene a ella.
El camino a Yendegaia es, quizás, la obra de mayor impacto simbólico y práctico. Conectar Puerto Williams con ese rincón del extremo austral de la Tierra del Fuego chilena no es solo abrir una ruta: es integrar territorio, habilitar acceso a zonas de altísimo valor ecosistémico y dar herramientas concretas a las comunidades que allí viven. La obra avanza con la lentitud que impone el terreno y el presupuesto, pero sigue en marcha.
El agua potable, en tanto, es una deuda básica. Puerto Williams tiene características únicas —un sistema hídrico sensible, amenazas como los castores invasores en cuencas clave, y una infraestructura que no siempre estuvo a la altura de las necesidades de sus habitantes. Moncada reconoce que es una prioridad que no puede postergarse.
El Plan Regulador Comunal aparece como el marco que contiene todo lo demás. Sin regulación urbana clara, cualquier crecimiento económico o turístico puede fragmentar el tejido social y paisajístico que hace de Puerto Williams un lugar singular. La lección de otras ciudades patagónicas —donde el boom inmobiliario llegó antes que la planificación— está presente.
El delegado también abordó los desafíos del Hospital Cristina Calderón, que lleva el nombre de la última hablante nativa del yagán y que enfrenta limitaciones de personal y equipamiento propias de la geografía austral.
Puerto Williams mira su futuro desde el borde del mundo. Y desde ese borde, parece estar eligiendo construir con criterio propio.


