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🧊 Ciencia & Antártida

La luz artificial en la Antártida: un estresor invisible que la ciencia empieza a medir

Investigadores del INACH trabajan en Punta Arenas para cuantificar cómo la iluminación de bases, buques y operadores turísticos altera los ciclos biológicos de las especies antárticas. Es un fenómeno que hasta ahora casi no tenía datos científicos sistematizados. La Antártida, el último continente oscuro, enfrenta una nueva presión humana.

🇨🇱 Chile
La luz artificial en la Antártida: un estresor invisible que la ciencia empieza a medir

Hay una forma de contaminación que no se ve ni se huele, pero que está transformando silenciosamente los ritmos de vida en el continente más prístino del planeta. La luz artificial —la de los generadores de las bases científicas, la de los reflectores de los buques rompehielos, la de los cruceros de turismo antártico— está alterando los ciclos biológicos de especies que evolucionaron durante millones de años en oscuridad casi total. Y hasta ahora, nadie lo había medido en serio.

Un equipo del Programa Nacional de Ciencia Antártica del Instituto Antártico Chileno (INACH) trabaja en Punta Arenas para cambiar eso. El proyecto busca cuantificar con precisión cómo y cuánto afecta la polución lumínica a los organismos del continente blanco: desde el kril —base de toda la cadena trófica austral— hasta aves, peces y invertebrados que regulan su reproducción, alimentación y migración en función de los ciclos de luz natural.

La Antártida tiene uno de los regímenes lumínicos más extremos de la Tierra: meses de oscuridad total en invierno, meses de luz continua en verano. Esa oscilación es el reloj biológico de ecosistemas enteros. Introducir luz artificial constante en ese sistema es, según los investigadores, comparable a jetlag permanente a escala poblacional.

Lo que hace especialmente relevante este trabajo es su momento: la presencia humana en la Antártida no para de crecer. El turismo antártico superó los cien mil visitantes en las últimas temporadas. Las bases científicas amplían sus capacidades. Los buques de investigación y apoyo logístico multiplican sus horas de operación nocturna. Cada una de esas fuentes de luz es un estresor nuevo para ecosistemas que nunca las tuvieron.

Desde GLOBALpatagonia, este trabajo importa por una razón directa: Punta Arenas es la puerta de entrada a la Antártida. Lo que ocurra en el continente blanco —su biodiversidad, sus equilibrios, su futuro— le incumbe a la Patagonia antes que a cualquier otro lugar del mundo. El INACH no es una institución remota: es el cerebro científico de la relación entre el sur patagónico y el polo sur.

El proyecto aún está en fase de desarrollo metodológico, pero su sola existencia marca un punto de inflexión: por primera vez, la ciencia antártica chilena pone foco en un impacto ambiental que venía siendo ignorado por invisible. La oscuridad también es un recurso natural. Y en la Antártida, es uno de los más frágiles.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de La Prensa Austral (Magallanes).
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