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Bodega patagónica: del algoritmo al vino de altura en Neuquén

En San Patricio del Chañar, Enrique Rohde y Lucy Ramos producen 45.000 botellas anuales con su bodega, fusionando tecnología y tradición. Exportan a EE.UU. y Europa y proyectan duplicar su producción en cuatro años.

🇦🇷 Argentina
Bodega patagónica: del algoritmo al vino de altura en Neuquén

En el corazón del valle de San Patricio del Chañar, Neuquén, la historia de Enrique Rohde y Lucy Ramos demuestra que la Patagonia también es tierra de reconversiones audaces. Rohde pasó de trabajar con algoritmos y multinacionales a crear vinos de alta gama en la región, una transición que refleja el espíritu de una tierra que siempre encuentra nuevas formas de producir.

La bodega, que hoy elabora 45.000 botellas al año, ya tiene presencia en mercados exigentes como Estados Unidos y Europa. No es un dato menor: posiciona al vino patagónico en un escenario global donde la calidad y la identidad territorial son diferenciales. Para los próximos cuatro años, la pareja proyecta alcanzar las 80.000 botellas anuales, un crecimiento que implicará ampliar viñedos y optimizar procesos, siempre con el foco puesto en la elegancia y el carácter único que aporta el clima patagónico.

San Patricio del Chañar es una de las zonas vitivinícolas más jóvenes de Argentina, pero su potencial es enorme: la amplitud térmica, la baja humedad y los suelos aluviales crean condiciones ideales para variedades tintas como el Malbec y el Pinot Noir, que ya son la firma de la casa. La bodega de Rohde y Ramos es un ejemplo de cómo la tecnología y el conocimiento, aplicados con sensibilidad, pueden dar frutos en el sur.

Este emprendimiento no solo habla de producción, sino de una visión de vida: elegir la Patagonia como lugar para crear y proyectar. En un momento donde la economía regional busca diversificarse, historias como esta demuestran que la innovación también se puede gestar lejos de los grandes centros urbanos, anclada en el paisaje y en el trabajo diario. La apuesta por vinos de altura, con un perfil fresco y mineral, ya es reconocida por críticos internacionales y promete seguir poniendo a Neuquén en el mapa mundial del vino.

El desafío ahora es mantener el equilibrio entre crecimiento y calidad, una tensión que los productores patagónicos conocen bien. Pero con la experiencia de Rohde y la sensibilidad de Ramos, la bodega parece encaminada a convertirse en un emblema de la producción con identidad regional.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de La Nación.
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