Kawésqar: tres ancestros volvieron de Suiza sin aval de sus comunidades
El Museo de Historia Natural de Basilea entregó tres restos ancestrales Kawésqar el 10 de septiembre, pero el proceso se hizo sin consulta a las comunidades del territorio. El hecho reabre la discusión sobre quién representa a los pueblos originarios de Magallanes en las restituciones.
El 10 de septiembre de 2026, en el Ayuntamiento de Basilea, el Gobierno del Cantón de Basilea-Ciudad y el Museo de Historia Natural de esa ciudad suiza entregaron oficialmente tres ancestros Kawésqar que permanecieron más de un siglo en colecciones europeas. La ceremonia fue formal, protocolar y celebrada en medios suizos. Pero en el extremo austral del continente, la noticia cayó de otro modo: las comunidades Kawésqar de Magallanes se enteraron del retorno cuando ya estaba en marcha, sin haber sido consultadas sobre el destino de sus propios antepasados.
El pueblo Kawésqar —también conocido históricamente como Alacalufe— es uno de los pueblos canoeros del archipiélago magallánico. Su territorio se extiende por los canales, fiordos e islas del sur de Chile, desde el golfo de Penas hasta el cabo de Hornos. La colonización, las enfermedades y el despojo redujeron drásticamente su población durante los siglos XIX y XX. Muchos de los cuerpos que hoy están en museos europeos fueron exhumados o colectados en ese contexto, sin consentimiento alguno.
Lo que ocurrió en Basilea no es un caso aislado. Es parte de un proceso más amplio de restituciones que Europa viene realizando desde hace años, muchas veces con criterios que las comunidades locales consideran insuficientes o directamente violatorios de sus derechos. La pregunta de fondo es quién habla en nombre de un pueblo cuando el Estado, los museos y las instituciones internacionales negocian el retorno de restos humanos.
La restitución de ancestros no es solo un acto simbólico. Para los pueblos originarios, los restos de sus antepasados tienen un lugar en el territorio, en la memoria y en los ritos. La falta de consulta no es un detalle administrativo: es una vulneración del derecho a la consulta previa, libre e informada, consagrado en el Convenio 169 de la OIT, que Chile ratificó.
El hecho cruzó la frontera sin ruido, pero tiene una dimensión binacional. La restitución de restos humanos indígenas es un tema que atraviesa tanto a Chile como a Argentina, donde comunidades Mapuche, Tehuelche, Selk'nam y otras también han demandado el retorno de ancestros que están en museos europeos. En la Patagonia, el debate sobre quién representa a los pueblos originarios y cómo se gestionan sus derechos sigue abierto.
La entrega en Basilea dejó una pregunta incómoda: ¿puede una restitución ser a la vez un acto de reparación y un nuevo despojo? Para las comunidades Kawésqar que no fueron consultadas, la respuesta parece clara. El retorno de tres ancestros es una noticia que debería unir. Que lo haya dividido es, en sí mismo, un dato sobre cómo se siguen tomando decisiones sobre los pueblos originarios sin los pueblos originarios.


