INACH reconoce a Anelio Aguayo, seis décadas de ciencia antártica
La Delegación Presidencial de Magallanes distinguió al investigador del Instituto Antártico Chileno por más de 60 años dedicados a la formación de generaciones de científicos en Chile y Latinoamérica. Un legado que conecta a Punta Arenas con el continente blanco y que también se replica en la ciencia binacional.
Punta Arenas volvió a mirar hacia el sur profundo. En una jornada que reunió a autoridades regionales y a la comunidad científica, la Delegación Presidencial de Magallanes reconoció al investigador Anelio Aguayo Lobo por más de seis décadas de trayectoria científica ligada al Instituto Antártico Chileno (INACH). El homenaje destaca no solo su producción académica, sino también su rol en la formación de nuevos investigadores que hoy trabajan en Chile y en distintos países de la región.
Aguayo es una de esas figuras que explican por qué Punta Arenas se consolidó como puerta de entrada a la Antártica. Su trabajo en biología marina y en el estudio de mamíferos del extremo austral aportó bases para políticas de conservación y para la cooperación científica internacional. El reconocimiento, encabezado por el seremi de Ciencia, Carlos Olave, y la Delegación Presidencial, subraya que la ciencia antártica es también una política de identidad territorial.
El gesto no es menor en un contexto donde la inversión en ciencia compite con otras urgencias. Reputación ganada en el hielo
La trayectoria de Aguayo se cruza con décadas de expediciones, campañas y publicaciones que pusieron a Magallanes en el mapa global de la investigación polar. Ese capital científico rara vez se mide en titulares, pero sostiene desde la vigilancia de ecosistemas hasta la formación de los equipos que hoy monitorean aguas subantárticas y poblaciones de mamíferos marinos.
El reconocimiento también invita a mirar la ciencia patagónica como una construcción binacional. Las rutas que parten desde Punta Arenas y Ushuaia hacia el continente blanco comparten logística, datos y desafíos ambientales. El trabajo de investigadores como Aguayo alimenta esa agenda común que cruza la frontera sin pedir permiso.
Qué viene
La distinción no cambia el presupuesto ni resuelve las tensiones por financiamiento, pero sí instala una señal: la región reivindica su capital humano científico. En un momento en que el cambio climático presiona los ecosistemas australes y la cooperación internacional se vuelve más necesaria, el legado de Aguayo es una invitación a seguir invirtiendo en formación y en relevo generacional. La Patagonia no es periferia de la ciencia global: es una de sus puertas de entrada.


