Viedma recicla residuos y genera 23 empleos verdes en la Patagonia atlántica
En Viedma, una cooperativa de 23 trabajadores sostiene su economía familiar transformando residuos urbanos en materiales con segunda vida, en un modelo que desafía la lógica del descarte.

En la capital rionegrina, a orillas del río Negro, hay 23 personas que encontraron en la basura una forma de vida digna. No como metáfora: literalmente clasifican, procesan y revalorizan residuos que el sistema urbano descarta, cerrando un ciclo económico que la mayoría de las ciudades patagónicas todavía no sabe cómo resolver.
El emprendimiento colectivo de Viedma es una de esas historias que ocurren lejos del radar mediático pero que dicen mucho sobre las posibilidades reales de una economía regional más sustentable. Los trabajadores —organizados en formato cooperativo— procesan materiales que de otro modo terminarían en el relleno sanitario, y los convierten en insumos con valor de mercado: plásticos, papeles, metales, vidrio.
El impacto no es solo ambiental, aunque ese componente es central. Cada tonelada de material que se desvía del enterramiento es una tonelada que no contamina suelos ni aguas subterráneas, en una provincia donde la gestión de residuos sigue siendo una deuda estructural. Pero el modelo también demuestra que la economía circular puede generar empleo genuino en ciudades intermedias patagónicas, sin depender de inversión externa ni de commodities globales.
Viedma es la ciudad menos patagónica de la Patagonia en el imaginario colectivo —capital administrativa, puerta de entrada desde Buenos Aires— pero este tipo de iniciativas la conectan con una identidad regional que tiene mucho que ver con la resiliencia y la adaptación al territorio.
El desafío que enfrenta este modelo es el de escala. Con 23 trabajadores se puede sostener un emprendimiento, pero para que la economía circular tenga impacto real en la gestión de residuos urbanos se necesita política pública, contratos municipales estables y acceso a mercados compradores de material reciclado. Sin esos tres pilares, la iniciativa depende demasiado de la voluntad individual de quienes la sostienen.
En un contexto donde varias provincias patagónicas discuten cómo financiar infraestructura de gestión ambiental, el caso de Viedma ofrece una respuesta parcial pero concreta: los empleos verdes no son una promesa del futuro, son una realidad presente que necesita condiciones para crecer.


