ENAP lleva el fracking a evaluación ambiental en Magallanes con USD 96 millones
La empresa estatal ingresó al SEIA un proyecto de perforación horizontal y fracturación hidráulica en Punta Arenas que implica la mayor inversión de este tipo en la historia reciente de la región.
La Empresa Nacional del Petróleo dio un paso formal que abre un debate que la región de Magallanes no puede eludir: el 1 de junio ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental su primer proyecto de perforación horizontal con fracturación hidráulica —técnica conocida como fracking— en territorio patagónico chileno. La inversión proyectada es de 96 millones de dólares.
El proyecto lleva el nombre técnico de Extracción de Hidrocarburos, Perforación y Fracturación Hidráulica de Multipozos Coipo ZG-A y Trébol ZG-C, y se ubica en la comuna de Punta Arenas. Su ingreso al SEIA abre el período formal de evaluación ambiental, que incluirá instancias de participación ciudadana y pronunciamiento de organismos técnicos del Estado chileno.
Lo que hace singular a este proyecto no es solo su escala económica, sino su naturaleza técnica. La perforación horizontal combinada con fracturación hidráulica es la misma tecnología que transformó la producción de hidrocarburos en Vaca Muerta, del lado argentino de la Patagonia. Su aplicación en Magallanes representaría un cambio de paradigma en la industria extractiva regional: ENAP pasaría de explotar reservorios convencionales —en franco declive— a intentar recuperar recursos de formaciones no convencionales.
La pregunta ambiental es insoslayable. La fracturación hidráulica requiere grandes volúmenes de agua, genera residuos de perforación y plantea interrogantes sobre la integridad de acuíferos subterráneos. En una región como Magallanes, donde el agua es un bien estratégico y los ecosistemas tienen una fragilidad particular, esos interrogantes no son menores.
Al mismo tiempo, ENAP enfrenta una presión real: su producción en Magallanes lleva décadas en descenso, y la viabilidad de la empresa en la región depende de encontrar nuevas fuentes. El fracking aparece como la apuesta tecnológica para extender la vida útil de una cuenca que, con métodos convencionales, tiene los días contados.
Desde una perspectiva patagónica binacional, el caso tiene resonancias directas con el debate que se libra en el norte: Neuquén y la expansión de Vaca Muerta también implican tensiones entre producción energética y protección ambiental en territorios de alto valor ecológico. El Sur chileno mira ese modelo con atención —y con dudas legítimas.
Lo que viene ahora es el proceso de evaluación ambiental: meses de informes técnicos, consultas y, eventualmente, una resolución que marcará el rumbo energético de Magallanes para las próximas décadas.


