Puerto Williams y la Universidad de Chile trazan nuevas rutas científicas australes
El Centro Internacional Cabo de Hornos y la Universidad de Chile proyectan ampliar su colaboración de décadas con nuevas líneas de investigación en el extremo sur del planeta.
Hay alianzas que se firman en actos y otras que se construyen con años de trabajo en el campo, bajo el viento del cabo de Hornos. La que une a la Universidad de Chile con Puerto Williams pertenece claramente a la segunda categoría: es una relación que lleva décadas y que se mide en expediciones, tesis, publicaciones y presencia sostenida en uno de los territorios más remotos y ecológicamente significativos del mundo.
El Centro Internacional Cabo de Hornos, con base en Puerto Williams —la ciudad más austral del planeta y capital de la provincia Antártica Chilena—, viene desarrollando investigación sobre los ecosistemas subantárticos, la cultura yagán y kawésqar, y los efectos del cambio climático en la región del Cabo de Hornos. Su vínculo con la universidad más grande de Chile no es burocrático: es científico y tiene historia.
Ahora, ambas instituciones proyectan nuevas rutas de colaboración. Aunque los detalles específicos de los proyectos en carpeta no fueron todos divulgados, el encuentro entre representantes de ambas instituciones dejó en claro que el foco estará en profundizar la investigación sobre biodiversidad subantártica, en fortalecer los programas de formación de investigadores en territorio y en expandir el alcance internacional del centro.
Puerto Williams ocupa una posición geopolítica y científica única. Es la puerta de entrada al Canal Beagle, está rodeada de bosques de lengas y turberas que actúan como sumideros de carbono, y alberga a las últimas comunidades yagán con memoria viva de su lengua y tradiciones. Cualquier investigación que se haga allí tiene, casi por definición, una relevancia que va más allá de lo local.
Para la Patagonia binacional, esta alianza tiene una dimensión que vale la pena señalar: mientras Puerto Williams es chileno, el Canal Beagle es compartido con Argentina, y los ecosistemas que el centro estudia no reconocen fronteras. La ciencia que se produce allí habla de un territorio común, aunque los estados lo administren por separado.
La Universidad de Chile, con sus capacidades de investigación y su red de laboratorios, puede aportar escala y recursos a lo que el Centro Cabo de Hornos tiene en abundancia: proximidad al objeto de estudio, relaciones con las comunidades locales y una acumulación de conocimiento sobre el extremo sur que pocas instituciones del mundo poseen.
Lo que viene ahora es la concreción. En la ciencia, como en el mar austral, la diferencia entre una intención y un resultado se mide en años de trabajo silencioso.


