Ballenas francas en la costa de Santa Cruz: ocho ejemplares al norte
Al menos ocho ballenas francas australes fueron avistadas el domingo en una franja costera que se extiende desde Caleta Olivia hasta el paraje La Lobería, en pleno invierno atlántico.
El Atlántico sur frente a Santa Cruz volvió a mostrar su escala real. Al menos ocho ballenas francas australes (Eubalaena australis) fueron divisadas el domingo en una franja costera de considerable extensión, desde las aguas frente a Caleta Olivia hasta el paraje La Lobería. No es un avistaje puntual: es una presencia distribuida a lo largo de kilómetros de costa, en pleno julio, cuando el mar patagónico está en su temperatura mínima y la mayoría de los turistas ya se fueron.
La ballena franca austral es una de las especies más emblemáticas del Atlántico sudoccidental. Protegida desde la década de 1930 tras el colapso de sus poblaciones por la caza industrial, su recuperación gradual es uno de los pocos ejemplos genuinamente positivos de conservación marina en la región. La Península Valdés, en Chubut, concentra la atención mediática por ser el área de cría más conocida, pero la costa norte de Santa Cruz es parte de su rango de distribución y los avistajes invernales aquí son un indicador de que los individuos se mueven, que el Atlántico patagónico sigue siendo un espacio funcional para la especie.
Ocho ejemplares en un solo día, en una franja tan extensa, sugiere que no se trata de un evento aislado. Los parajes entre Caleta Olivia y La Lobería ofrecen condiciones costeras particulares —aguas someras, cercanía al continente, disponibilidad de zooplancton— que pueden estar atrayendo a los animales en este período del año.
Para las comunidades costeras de la zona, estos avistajes tienen también una dimensión turística y de identidad. La costa atlántica santacruceña no tiene la infraestructura de avistaje de Valdés, pero eventos como este abren preguntas válidas sobre si existe potencial para desarrollar turismo de naturaleza marino en esta franja, con los resguardos ecológicos necesarios.
Lo que el domingo dejó sobre el agua frente a Santa Cruz es simple y extraordinario al mismo tiempo: ocho animales enormes moviéndose en su entorno natural, en el mismo océano que los cazó casi hasta la extinción hace menos de un siglo. Esa presencia es un estado de situación que merece seguimiento.


