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Los galeses del Chubut: cómo 153 personas construyeron una Gales en la Patagonia

En 1865, un barco llamado Mimosa zarpó de Liverpool con 153 galeses que buscaban un lugar donde hablar su idioma sin que nadie se los prohibiera. Llegaron a un desierto que no esperaban. Lo que construyeron en el valle del Chubut es una de las historias de colonización más singulares del mundo.

📰 GLOBALpatagonia 🌎 Argentina 2026-04-17
Los galeses del Chubut: cómo 153 personas construyeron una Gales en la Patagonia

El proyecto era, en términos estrictamente racionales, una locura. Michael D. Jones, ministro no conformista de Bala, Gales del Norte, tenía una idea fija: los galeses estaban perdiendo su idioma bajo la presión del inglés, y la única solución era fundar una colonia en algún rincón del mundo lo suficientemente remoto como para que el inglés no llegara. No Patagonia de Gales: una Gales nueva donde el idioma galés fuera el de la educación, el comercio, el culto y la vida cotidiana. El gobierno argentino, que necesitaba poblar la Patagonia para ejercer soberanía sobre ella, ofreció tierras en el valle del río Chubut. Jones nunca fue, pero convenció a otros de ir.

El 28 de julio de 1865, el Mimosa atracó en la bahía Nueva, frente a lo que hoy es Puerto Madryn. Los 153 pasajeros —hombres, mujeres y niños— bajaron a una playa desierta y encontraron algo que nadie les había advertido con suficiente claridad: el semiárido patagónico no se parece en nada a los valles verdes de Gales. No había agua dulce en la costa. No había árboles. No había suelo cultivable. El viento era constante y el cielo, implacable.

Los primeros dos años estuvieron al borde del colapso. Las cosechas fracasaron. Los suministros no llegaban. Varios colonos quisieron abandonar y debieron ser convencidos de quedarse. Lo que los salvó fue una combinación de obstinación cultural, ayuda de los tehuelches locales —que les enseñaron a sobrevivir en ese ambiente— y el descubrimiento de que el suelo del valle del Chubut, irrigado correctamente con las aguas del río, producía trigo de una calidad excepcional. En 1875 el primer cargamento de trigo chubutense llegó a Buenos Aires y fue premiado en una exposición. La colonia tenía futuro.

Lo que creció en el valle del Chubut en las décadas siguientes fue una civilización en miniatura notablemente funcional: escuelas en galés, capillas no conformistas, periódicos en galés, cooperativas agrícolas, gobierno local. Cuando exploraron hacia el oeste y llegaron a los Andes, fundaron Cwm Hyfryd —el valle hermoso— en lo que hoy es Esquel y Trevelin. En esa última localidad, un plebiscito de 1902 decidió por votación a qué país pertenecería la zona. Los colonos galeses votaron por Argentina, la única vez en la historia en que un territorio patagónico eligió su soberanía por democracia directa.

Hoy el galés como idioma cotidiano casi ha desaparecido. Quedan hablantes en Gaiman, en Trelew y en Trevelin, algunos llegados recientemente desde Gales como parte de programas de intercambio cultural. El eisteddfod —festival cultural galés— se celebra cada año en Gaiman con concursos de poesía, canto y prosa en galés. Las casas de té del valle sirven tortas y scones a los turistas que llegan a buscar el exotismo de Europa del Norte en el medio de la estepa patagónica.

Hay algo melancólico y hermoso a la vez en la historia de los galeses del Chubut. No lograron lo que querían: el idioma no sobrevivió como lengua viva y cotidiana. Pero construyeron algo que sí sobrevive: una identidad regional particular, una arquitectura propia, una relación con la tierra que tiene su ritmo específico, y una historia de inmigración que muestra que la Patagonia siempre fue más cosmopolita de lo que el imaginario del desierto quiere hacer creer.

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