A orillas del lago Nahuel Huapi, rodeada por volcanes y bosques de lengas que se incendian en otoño, San Carlos de Bariloche es el destino más visitado de la Patagonia argentina. Capital del chocolate, del esquí austral y del trekking de alta montaña, la ciudad combina una arquitectura alpina que sorprende con una naturaleza que no pide disculpas. No importa la estación: Bariloche siempre tiene algo que ofrecer.
Bariloche desde las alturas: la ciudad, el lago Nahuel Huapi y los Andes como marco permanente.
Los mapuches y tehuelches habitaron esta región por milenios antes de que cualquier europeo cruzara los Andes. El lago Nahuel Huapi —"Isla del Tigre" en mapudungun— era territorio de los puelches y pehuenches, que cruzaban la cordillera siguiendo las rutas del comercio y la guerra. Los jesuitas intentaron establecer misiones en el siglo XVII; la más célebre fue la del Padre Mascardi en el lago Nahuel Huapi, destruida por los propios indígenas en 1717 tras décadas de conflicto.
La historia moderna comienza en 1895, cuando el perito Francisco Pascasio Moreno —el mismo que navegó el lago en canoa india años antes y que dio su nombre al glaciar— donó al Estado argentino tres leguas cuadradas de tierra a orillas del Nahuel Huapi. Era la primera reserva natural del país y el germen del Parque Nacional que hoy rodea la ciudad. Carlos Wiederhold, comerciante alemán, fundó el primer almacén de ramos generales en 1895. De ese almacén creció el pueblo. El nombre oficial, "San Carlos de Bariloche", mezcla el patrono cristiano con la deformación del topónimo indígena vuriloche: "gente del otro lado de las montañas".
La llegada del ferrocarril Viedma-Bariloche en 1934 transformó el pueblo en destino. El arquitecto Alejandro Bustillo diseñó el Centro Cívico, el Hotel Llao Llao y varios edificios emblemáticos con piedra volcánica local y madera de ciprés —una estética que definió la identidad visual de la ciudad para siempre. La inmigración centroeuropea del siglo XX —alemanes, suizos, austriacos— trajo el chocolate artesanal, la arquitectura de montaña y la cultura del té. Hoy Bariloche produce más del 70% del chocolate fino de Argentina.
Cerro Catedral cubierto. La mejor época para esquí y snowboard en el centro de ski más grande de Sudamérica. Alta temporada: reservar con meses de anticipación.
Trekking, kayak y playas de lago. Días largos, temperatura media de 20°C. Ideal para el Circuito Chico, el Cerro López y los senderos del parque nacional.
Los lengas y ñires se tiñen de rojo y naranja. Menos turistas, precios más bajos y la luz más fotogénica del año. La temporada secreta de Bariloche.
Vuelos directos desde Buenos Aires (2 hs), Córdoba, Mendoza y otras ciudades. El aeropuerto Teniente Luis Candelaria está a 15 km del centro — taxi, remís o bus urbano línea 72.
Desde Buenos Aires: 20 hs en coche cama. Desde Neuquén: 5 hs. Desde Esquel: 4 hs por la Ruta 40. La terminal queda a pocas cuadras del Centro Cívico.
El famoso Cruce de Lagos Bariloche–Puerto Montt: dos días en bus y catamarán cruzando lagos y volcanes en la frontera. Una experiencia en sí misma, no solo un medio de transporte.
La mítica ruta patagónica pasa por Bariloche. Desde el norte o el sur, el acceso por la Ruta 40 es uno de los recorridos en ruta más espectaculares del continente.

El mayor centro de esquí de Sudamérica, a 19 km del centro. Más de 120 km de pistas, 37 medios de elevación y una villa de montaña con restaurantes y hoteles en la base. La temporada va de junio a octubre (la nieve puede aparecer antes). Las vistas desde la cima —el lago Nahuel Huapi de un lado, el volcán Tronador del otro— son únicas en el mundo. En verano, las aerosillas abren para caminantes y ciclistas.

El trekking más accesible y más espectacular de Bariloche. Salida desde la ciudad, subida de 3 a 4 horas hasta el refugio a 1.600 m s.n.m. El panorama desde arriba —el Nahuel Huapi extendido 560 km² abajo— es uno de los más fotografiados de la Patagonia. El refugio tiene comida y alojamiento: para quienes quieren ver el amanecer sobre el lago, vale la pena pasar la noche.

El paseo clásico de Bariloche: 65 km en auto o bicicleta que bordea el lago Nahuel Huapi pasando por el Cerro Campanario (mirador obligado), el Hotel Llao Llao, Puerto Pañuelo y la Bahía López. El Campanario se sube en aerosilla en 10 minutos y entrega una de las mejores vistas panorámicas de la región. Hacerlo al atardecer duplica el efecto.

El más antiguo de Argentina (creado en 1934) envuelve la ciudad por completo. Más de 700.000 hectáreas con glaciares, volcanes, bosques de coihue y arrayán, y lagos de un azul imposible. Los senderos del Parque van desde caminatas de 2 horas hasta travesías de varios días. El Volcán Tronador —3.491 m, con glaciares activos— es la cima más alta y la más imponente. Acceso libre; algunos senderos requieren registro previo en el PNNH.

Excursión en catamarán desde Puerto Pañuelo (1.5 horas de viaje). La Isla Victoria tiene un vivero de ciervos y vistas al volcán Tronador. La parada más esperada: el Bosque de Arrayanes en la Península Quetrihué, un bosque de canela-naranja que no existe en ningún otro lugar del mundo en esa concentración. Walt Disney lo visitó en los años '40 y se inspiró en él para crear el bosque de "Bambi". Medio día de excursión.

Bariloche produce el mejor chocolate de Argentina, heredado de los maestros chocolateros europeos que llegaron a principios del siglo XX. La Calle Mitre concentra la mayoría de las chocolaterías artesanales: Mamuschka, Rapa Nui, Familia Weiss, Del Turista. Para ir más allá del turismo: los chocolates de autor de las pequeñas fábricas fuera del centro son más finos y menos masivos. El chocolate de frambuesa con corteza de lenga es, en varios rankings, el mejor de Sudamérica.

El lago más grande de la Patagonia argentina (560 km²) tiene múltiples brazos y bahías para explorar en kayak. Varios operadores ofrecen salidas guiadas desde la costanera. Para los experimentados: el cruce a la Isla Victoria en kayak de mar (8 horas) es uno de los desafíos clásicos de la región. También hay travesías de varios días con camping en islas.

El gigante blanco de Bariloche. Se accede por la Ruta de los Siete Lagos hasta el Pampa Linda (80 km del centro) y desde allí hay varios senderos, incluyendo el que llega al Glaciar Negro. La caminata al mirador del Tronador es de 4 horas ida y vuelta. No requiere experiencia en alta montaña; sí requiere buen calzado y ropa de abrigo incluso en enero.
La parrilla de referencia de Bariloche. Cordero patagónico al asador, vista al lago Nahuel Huapi, ambiente de estancia. Caro pero justo para la ocasión.
El restaurante más antiguo de la ciudad. Cocina de montaña: trucha del lago, jabalí estofado, fondue de queso. Decoración de época, clientela local.
Bistró de autor con producto patagónico de temporada. El menú cambia según lo que haya en el mercado. Reservar con anticipación en verano e invierno.
Cocina casera sin pretensiones: cazuela, pastas, milanesas. El favorito de los locales para comer bien y barato. Sin reserva, llegar temprano.
El cordero criado en la estepa patagónica tiene una carne más magra y con más sabor que cualquier otra variedad. Al asador o a la cruz, con chimichurri o solo con sal patagónica. Buscar los que usan cordero de productores locales de Neuquén o Río Negro. La diferencia con el cordero de feed lot es total.