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Los Selknam: el pueblo que cazaron por una libra esterlina

Los Onas habitaron la Isla Grande de Tierra del Fuego durante al menos ocho mil años. En menos de cincuenta los diezmaron casi por completo. El método: una recompensa pagada por estancieros ovejeros por cada par de orejas o cada par de manos. Esta es la historia del genocidio más documentado y menos juzgado de la Patagonia.

📰 GLOBALpatagonia 🌎 Argentina 2026-04-17
Los Selknam: el pueblo que cazaron por una libra esterlina

Durante milenios, los Selknam —también llamados Onas— fueron dueños absolutos de la Isla Grande de Tierra del Fuego. Cazadores terrestres a diferencia de sus vecinos Kawésqar, que eran nómades del mar, los Selknam recorrían a pie los bosques y turbales de la isla siguiendo al guanaco, su principal fuente de alimento, abrigo y herramientas. Vivían organizados en grupos familiares bajo un sistema social complejo, con territorialidades definidas y una vida espiritual rica centrada en el Hain, una iniciación masculina de la que los etnólogos que llegaron a tiempo de documentarla dejaron registros que hoy se consideran patrimoniales.

Todo cambió cuando llegaron las ovejas. En la década de 1880, los estancieros que habían obtenido concesiones enormes del gobierno chileno y argentino comenzaron a poblar la isla con rebaños que transformaron los campos en negocios altamente rentables. El problema, desde su perspectiva, era que los Selknam seguían cazando guanacos —y ocasionalmente mataban ovejas— en una tierra que el Estado les había arrebatado sin compensación ni negociación. La solución que encontraron los estancieros fue brutal en su lógica mercantil: pagar una recompensa por cada Selknam muerto. El precio que circuló en los relatos de la época era una libra esterlina por par de orejas, o por un par de manos que pudiera servir como prueba del trabajo terminado.

Lo que siguió fue un genocidio. Cazadores contratados, muchos de ellos ingleses y croatas traídos expresamente para el trabajo, recorrieron la isla sistemáticamente durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Los Selknam fueron emboscados en sus campamentos, envenenados, dispersados hasta el agotamiento y, cuando la resistencia se organizó, aplastados. Los misioneros salesianos que llegaron en 1888 instalaron misiones que si bien salvan algunas vidas, aceleran la desestructuración cultural. A principios del siglo XX había entre 3.000 y 4.000 Selknam en la isla. Para 1940 eran menos de cien.

El último hablante fluido del idioma Selknam, Ángela Loij, murió en 1974. La etnóloga francesa Anne Chapman, que la acompañó en sus últimos años, registró en audio y video los cantos, los relatos y lo que quedaba de la memoria del Hain. Esas grabaciones, y el documental Los Onas que Chapman filmó en 1977, son hoy el principal patrimonio documental de un pueblo que el mundo exterior borró del mapa en el tiempo que tarda una generación en crecer.

Desde hace algunos años hay sobrevivientes de linaje Selknam —en su mayoría mestizos— que reivindican su pertenencia y trabajan en la recuperación cultural. La comunidad Covadonga Ona, en Río Grande, y grupos de descendientes en Chile impulsan el reconocimiento oficial del pueblo y la transmisión de lo poco que puede rescatarse. En 2021, Chile reconoció oficialmente a los Selknam como pueblo originario, tardando más de un siglo en darle nombre legal a lo que sus antepasados habían hecho.

Los responsables del genocidio nunca fueron juzgados. Los archivos de las estancias que pagaron las recompensas existen en algunos casos. Los nombres de los cazadores circulan en los libros de historia. La impunidad fue total y fue permanente. Lo que queda de los Selknam es lo que sus propios descendientes eligieron salvar, contra todo lo que el Estado y el mercado hicieron para que no quedara nada.

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