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DATACENTERS EN PATAGONIA: ¿ANUNCIO VACÍO O REALIDAD?

Stargate, el datacenter de OpenAI por US$ 25.000 millones, se anunció a quince días de las elecciones y todavía no existe en los papeles. Pero el "Súper RIGI" —la ley que lo haría posible— ya tiene media sanción. Detrás de la promesa: una sed de agua y energía equivalente a la de una ciudad entera, sobre una región que el fracking ya dejó al límite.

J. MartineauJ. Martineau 🇦🇷 Argentina
DATACENTERS EN PATAGONIA: ¿ANUNCIO VACÍO O REALIDAD?

Neuquén, Patagonia — 29 de junio de 2026

El 10 de octubre de 2025, a quince días de las elecciones de medio término, el gobierno de Javier Milei celebró con bombos y platillos lo que presentó como la mayor inversión tecnológica de la historia argentina: OpenAI, la creadora de ChatGPT, y la empresa local Sur Energy habían firmado una carta de intención para levantar un mega datacenter de inteligencia artificial en la Patagonia. Lo bautizaron "Stargate Argentina".

La cifra era de las que cambian una conversación: hasta US$ 25.000 millones de inversión y una capacidad de 500 megavatios (MW). Para dimensionarlo, el mayor centro de datos de América Latina, en San Pablo, tiene 61 MW; y los 45 datacenters que hoy funcionan en todo el país, sumados, no llegan a esa potencia. Sam Altman, CEO de OpenAI, lo difundió en un video: "Estamos orgullosos de anunciar los planes para lanzar Stargate Argentina". El proyecto entraría al RIGI, el régimen de beneficios fiscales por 30 años que Milei lanzó en 2024.

Ocho meses después, ese anuncio sigue siendo apenas eso: un anuncio. No se presentó formalmente, no tiene ubicación definitiva, ni plazos ni montos confirmados. El propio Ministerio de Economía reconoció que no hay nada que respalde la declaración de intención. Darío Clemente, investigador del CONICET y del Observatorio del RIGI de la fundación FARN, lo resume sin vueltas: de los 17 proyectos aprobados y 23 en evaluación bajo el régimen, ninguno es Stargate. "No hay información actualizada confiable más allá de aquel anuncio electoral", señala. Las versiones más optimistas hablan de empezar a construir recién en 2027.

Lo que sí avanzó: el "Súper RIGI" ya tiene media sanción

Aunque el datacenter no se concretó, el anuncio cumplió su función política: cambió la escala de la discusión y habilitó un nuevo marco legal. La madrugada del miércoles 24 de junio de 2026 —apenas días atrás— la Cámara de Diputados le dio media sanción al "Súper RIGI" por 130 votos a favor, 106 en contra y 7 abstenciones. Ahora la iniciativa espera al Senado para convertirse en ley.

El régimen apunta de lleno a las "industrias del futuro": inteligencia artificial, centros de datos, baterías de litio, paneles solares, turbinas eólicas y la cadena de valor del uranio. Y ofrece beneficios excepcionales: una alícuota de Ganancias del 15%, estabilidad tributaria, aduanera y cambiaria por 30 años, exenciones a la importación, amortización acelerada, baja de contribuciones patronales y libre disponibilidad de divisas que llega al 100% desde el tercer año. Elimina, además, la obligación de contratar proveedores locales que el RIGI original fijaba en 20%, y habilita a las empresas a demandar al país ante el CIADI si el Estado cambia las reglas.

El abogado Pablo Cerdan fue tajante: "Es la ley de datacenters. Energía y trabajo subsidiado para grandes tecnológicas que facturan más que el PBI argentino y van a pagar menos impuestos que una pyme del conurbano".

¿Por qué la Patagonia?

La elección no es casual. La investigación del Pulitzer Center, en alianza con Chequeado, identifica cuatro razones: tierra disponible, energía barata, acceso a agua y bajas temperaturas que abaratan el enfriamiento. En noviembre de 2025, el gobierno neuquino presentó una "microrregión" tecnológica que se extiende desde la zona de Vaca Muerta —Añelo y Tratayén— hasta el río Limay, en la localidad de Arroyito, cerca de la represa El Chocón. Rubén Etcheverry, del Consejo de Planificación de Neuquén, lo vende como un "microclima ideal para industrias tecnológicas".

El suministro está encaminado: Sur Energy ya firmó acuerdos con Genneia —la mayor generadora renovable del país— y Central Puerto. La empresa, fundada por Emiliano Kargieman (también CEO de Satellogic, la firma de nanosatélites que cotiza en Wall Street) y el fallecido Mat Travizano, sería la desarrolladora de la infraestructura, mientras OpenAI se compromete a comprar toda la potencia de cómputo sin poner un dólar en la construcción.

Interior de un datacenter: pasillos de servidores con refrigeración
El corazón de la máquina: pasillos de servidores que demandan energía y agua las 24 horas. El cuello de botella de la IA ya no es el chip, sino la electricidad que lo alimenta. (Foto de referencia)

La sed digital: lo que no se anuncia

Detrás del brillo del cómputo hay una huella física enorme. Según estimaciones usadas para Estados Unidos, un datacenter necesita 7,1 m³ de agua por cada MWh consumido —contando uso directo e indirecto en la generación eléctrica—, lo que equivale a más de 2,5 millones de litros al año por cada megavatio de potencia. Llevado a Stargate: un centro de 500 MW consume agua y electricidad equivalentes a las de una ciudad mediana. A escala global, los datacenters ya se llevan el 1,5% de la electricidad del planeta (unos 415 TWh en 2024), y la demanda se duplicaría hacia 2030.

La huella de un datacenter de 500 MW
Agua por MWh consumido7,1 m³
Agua al año por cada MW+2,5 millones de litros
Consumo de un centro de 500 MW≈ una ciudad mediana
Datacenters en el mundo (2024)1,5% de la electricidad global
Datos: Pulitzer Center / Chequeado

El problema es dónde caería esa sed. En la región de Vaca Muerta, donde cada pozo de fracking puede consumir hasta 60.000 m³ de agua al año y en 2025 ya había 17.300 pozos —más de 1.038 millones de m³ en total—, el recurso hídrico está bajo presión. Allí se registran unos 56 incidentes ambientales por día; el último derrame, en el lago Mari Menuco, afectó 50.000 m². A una región exprimida por el petróleo, ahora se le sumaría una nueva sed: la digital.

Unblock: el enclave que ya existe

No hace falta imaginar el futuro. Entre Rincón de los Sauces y Añelo ya funciona Unblock, un datacenter de 27 MW que proyecta duplicar su capacidad… y que emplea a unas 20 personas. Es la radiografía perfecta de lo que los especialistas llaman "economías de enclave": mucha energía, mucha inversión, casi ningún empleo permanente. Su CEO, Tomás Ocampo, lo plantea con crudeza: "El futuro de la IA estará condicionado por el costo de la energía".

Instalación industrial sobre la estepa neuquina y el cartel de bienvenida a Añelo
Añelo, corazón de Vaca Muerta: instalaciones industriales sobre la estepa y el cartel que da la bienvenida al pueblo que ya conoce el precio de las grandes inversiones. Aquí ya opera el primer enclave de cómputo.

Y OpenAI no es la única que mira al sur. Según reveló Infobae, Tesla, de Elon Musk, también evalúa un datacenter en el país de la mano de YPF Luz; y el gobierno ya recibió a ejecutivos de Google, Meta y Apple. La Patagonia se volvió, de pronto, la góndola energética del mundo.

La zona de sacrificio

Mientras los gobiernos celebran, las comunidades miran con preocupación. Liliana Romero, lonko de la comunidad mapuche Fvta Trayén, en Añelo, resume el clima: "Ya no tenemos la misma tranquilidad. Acá hay mucha contaminación". El werkén Diego Rosales va más lejos y describe la dependencia que ya impone la industria: "Dependemos de pedirle agua a la industria". Y Lefxaru Nawel, vocero mapuche de Neuquén, denuncia el método: las comunidades se enteran de los proyectos "cuando ya entran a los territorios, cuando están licitadas las obras, ilegalmente autorizadas, sin hacer una consulta".

La investigadora Irina Sternik lo llama "zonas de sacrificio digital": territorios socialmente excluidos donde se descargan infraestructuras de altísimo costo ambiental, sin actores con peso político que las frenen. Para Alan Rocha, del Observatorio Petrolero Sur, el RIGI es justamente un marco "regresivo en términos de control ambiental".

El vacío que todos los vecinos ya llenaron

El dato más alarmante es regulatorio: Argentina no tiene normas específicas —comerciales, impositivas ni ambientales— para este tipo de infraestructura. El único marco es el RIGI, que otorga beneficios y prioridad en el uso de recursos, pero no fija contrapesos. La propia Secretaría de Ambiente de Neuquén lo admite: "De momento, no hay normativas específicas".

El contraste con la región es elocuente. Brasil sancionó en 2025 su régimen Redata, que combina incentivos con exigencias de sostenibilidad: 100% de energía limpia, eficiencia hídrica y compromisos de investigación. Chile tiene un Plan Nacional de Data Centers 2024-2030 orientado a renovables e integración territorial. En el ranking latinoamericano por cantidad de centros de datos, Argentina es cuarta, detrás de Brasil, Chile y México: los vecinos ya regulan; acá todavía no hay con qué.

Y la promesa económica, por ahora, no aparece ni siquiera para el sector privado local. Fernando Zurita, titular de la Federación de Entidades Empresarias de Neuquén, lo dice sin militancia: "Aún no se produjo un impacto económico real y tangible". Afuera, las señales de alerta se multiplican: en Estados Unidos, Erin Brockovich lanzó una plataforma para mapear datacenters y Bernie Sanders pidió una "pausa"; en Paraguay, la localidad de Villarrica lleva años peleando contra una granja de criptominería que consumió en seis meses lo que 47.464 familias gastarían en un año.

La pregunta que queda

Como plantea Bea Busaniche, de la Fundación Vía Libre, el dilema no es datacenter sí o no, sino datacenter cómo y para quién. Cualquier país que quiera desarrollar tecnología necesita capacidad de cómputo. La pregunta es si esa capacidad se construye con regulación, consulta a las comunidades y beneficios compartidos, o si se instala como un nuevo enclave extractivista, con el agua y la energía de la Patagonia como moneda de cambio por la promesa —todavía incierta— del progreso digital.

Por ahora hay un anuncio que no se concretó y una ley a un paso del Senado. El espejismo de los datos sigue brillando en el horizonte patagónico. Falta saber si, cuando llegue, traerá agua o sólo más sed.

Fuente original: Esta nota fue elaborada con información de GLOBALpatagonia.
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