El pequeño animal que paga las cuentas de Malvinas
Vive apenas un año, nace y crece en aguas argentinas, y sostiene el presupuesto del gobierno británico que administra las islas. Flotas gallegas, taiwanesas y coreanas pagan millones por licencias que Buenos Aires considera ilegales, sobre un recurso que ya mostró que puede desaparecer: en 2024, por primera vez en la historia, hubo que cancelar una zafra entera. Radiografía del negocio que decide la suerte financiera de Malvinas.
Atlántico Sur — Informe GLOBALpatagonia
Pocas economías del mundo dependen tanto de un solo animal. El Illex argentinus —el calamar argentino— vive alrededor de doce meses: nace, migra, se reproduce y muere en un único ciclo que arranca en aguas de la plataforma continental argentina y termina, en buena parte, dentro de la zona que el gobierno británico de las islas Malvinas administra y licencia como propia. Cada verano austral, ese animal breve y errático define si a las islas les cierran o no las cuentas.
La administración isleña vive de vender licencias de pesca. Es, desde 1987, su principal fuente de ingresos genuinos: un promedio histórico de unos 20 millones de libras por año, que llegó a financiar entre el 50% y el 75% de todo su gasto corriente y de capital. Más de la mitad de esa recaudación viene del calamar. El petróleo de Malvinas, del que tanto se habla, sigue siendo una promesa; el calamar es la caja real, la que paga sueldos, obras y también parte del andamiaje que sostiene la ocupación británica del archipiélago.
Dos calamares, dos flotas
El negocio tiene dos patas. La primera es el Illex, que se pesca con buques poteros —los barcos de luces que se ven de noche como ciudades flotantes—. Las licencias tipo B las compran sobre todo flotas de Taiwán y Corea del Sur, las mismas banderas que dominan la pesquería en toda la región. Este año el gobierno isleño otorgó 105 licencias para la zafra de calamar, permisos que para la legislación argentina son lisa y llanamente ilegales: se emiten sobre aguas en disputa de soberanía, donde la Argentina no puede ejercer control.
La segunda pata es menos conocida y más jugosa por tonelada: el calamar patagónico o Loligo (Doryteuthis gahi), el "calamarete" que Europa consume como calamari. Ahí no hay poteros asiáticos sino arrastreros congeladores de capital español. Al menos siete empresas gallegas —Lanzal, Grupo Pereira, Pescapuerta, Copemar, Ferralmes, Hermanos Touza y Moradiña— operan desde hace décadas mediante joint ventures con firmas registradas en las islas. El esquema les permite abanderar sus buques como isleños y acceder a las licencias que emite Puerto Argentino (Stanley).

Los números de esa sociedad explican por qué nadie quiere soltarla. En la primera campaña de Loligo de 2026, los 16 arrastreros del régimen mixto capturaron más de 42.000 toneladas en 64 días, una zafra valuada por la prensa especializada en cerca de 500 millones de dólares puesta en el mercado europeo. Por las licencias de este año, las empresas españolas pagarán al gobierno isleño unos 13,4 millones de euros. El margen del negocio es elocuente: por cada euro de licencia, decenas de euros de calamar.

Un recurso que ya mostró que puede desaparecer
Todo el andamiaje descansa, sin embargo, sobre una biología frágil. El calamar vive un año: no hay stock acumulado, no hay reservas nadando de una temporada a la otra. Cada zafra depende de que la generación nueva aparezca. Y en 2024 no apareció: por primera vez en la historia de la pesquería, la temporada de Loligo se canceló completa por falta de biomasa. Un hecho inédito desde que las islas empezaron a licenciar la pesca.
La zafra volvió en 2026 —el relevamiento científico de febrero estimó una biomasa central de 41.725 toneladas y la temporada se abrió con normalidad—, pero el susto dejó marca en las cuentas públicas isleñas. El presupuesto 2026/27, aprobado hace semanas, es el retrato de una economía tensionada: una apropiación total de 216,3 millones de libras (unos 290 millones de dólares), con la recaudación por impuesto corporativo pesquero en caída por las zafras débiles de Loligo y un superávit operativo previsto que no llega a 300.000 dólares. Las reservas del gobierno isleño, que equivalían a 3,1 veces su gasto departamental, caerían a apenas 1,2 veces en 2027/28, mientras las islas se endeudan con un préstamo de 150 millones de libras para infraestructura.

- ~£20 millones/año: promedio histórico de recaudación isleña por licencias de pesca (en años recientes cayó a £12–15 millones).
- 105 licencias de calamar otorgadas en 2026, consideradas ilegales por la Argentina.
- 7 empresas gallegas operan Loligo vía joint ventures; 16 arrastreros, 42.000 toneladas, ~US$ 500 millones en la primera campaña 2026.
- €13,4 millones pagarán las españolas por sus licencias este año.
- 2024: primera cancelación total de una zafra de Loligo en la historia.
- 156.813 toneladas descargó la flota potera argentina en 2026: segundo récord consecutivo.
Del otro lado de la línea
Mientras tanto, del lado argentino el mismo calamar vive un momento inesperadamente dulce. La zafra 2026 de la flota potera nacional cerró con 156.813 toneladas descargadas, el segundo año récord consecutivo. La abundancia dentro de la Zona Económica Exclusiva tuvo un efecto lateral revelador: la famosa flota extranjera de la milla 201 —el borde exterior de la ZEE donde cada verano se agolpan cientos de buques sin licencia de nadie— se achicó a ojos vista, porque el calamar, este año, estaba adentro.
Esa flota de la milla 201 es la tercera pata silenciosa del negocio: cerca del 50% de los buques están vinculados a empresas chinas, muchos bajo banderas de conveniencia de Vanuatu, Tanzania o Kenia, y casi un 30% son españoles. Pescan gratis lo que las islas licencian y la Argentina regula: el mismo recurso, tres regímenes distintos, un solo cardumen.
Buenos Aires, por su parte, decidió jugar a capturar el calamar antes de que migre: el Consejo Federal Pesquero lanzó este año una convocatoria para incorporar 18 nuevos buques poteros a la matrícula nacional, la mayor ampliación de la flota en décadas. La lógica es simple y algo cruda: el Illex nace y engorda en aguas argentinas; cada tonelada que se pesca dentro de la ZEE es una tonelada que no llegará a pagar licencia en Puerto Argentino ni a llenar bodegas chinas en la milla 201.
La paradoja del cardumen
El resultado es una de las paradojas económicas más singulares del Atlántico Sur: un animal de un año de vida, que no reconoce líneas en el agua, financia a la vez a la flota argentina, a las pesqueras de Galicia, a los armadores de Taiwán y al presupuesto del gobierno británico que administra un territorio que la Argentina reclama. Cuando el calamar abunda, todos ganan y nadie discute. Cuando falta —como en 2024—, las islas descubren en sus propias cuentas lo que la biología repite cada temporada: su economía depende de un recurso que no controlan, que no nace en sus aguas y cuya suerte se decide, cardumen a cardumen, en el mar argentino.
Con datos del Fisheries Department isleño, presupuesto 2026/27 de las islas, Consejo Federal Pesquero, Revista Puerto, Pescare, MercoPress y prensa especializada del sector.


